Comparando prisiones alrededor del mundo
Desde la antigua Mesopotamia, pasando el misterioso Egipto,
y las multiculturales Grecia y Roma, hasta la época moderna, la privación de
libertad ha sido un método que busca castigar, disuadir y en algunos casos
reformar a los delincuentes mediante el control disciplinario. El
encarcelamiento paso a ser el castigo principal en lugar de la esclavitud o la
muerte. A continuación, vamos a conocer cinco de los más famosos sistemas
carcelarios usados por la sociedad, en la actualidad. Pero antes, me gustaría
invitarte a participar después de que conozcas estos cinco sistemas carcelarios,
¿Cuál crees que sería el más adecuado para tu país? Y ¿por qué? Déjamelo saber
en los comentarios. Estaré encantado de leer tu opinión.
En el mundo existen una gran cantidad de enfoques y
posiciones, que reflejan las prioridades culturales, políticas y económicas de
cada país. Desde el modelo de los Estados Unidos centrado en el encarcelamiento
masivo y la disparidad racial, hasta el modelo rehabilitador noruego, enfocado
en la humanidad y la reintegración. Pero lo que es seguro, es que todos los
sistemas buscan aplicar a los delincuentes tres acciones concretas: castigar,
disuadir y corregir. Aplicar estos correctivos genera una serie de impactos
hacia los reclusos; sobrecargas, abusos, estigma social y desigualdades
importantes son algunos de estos impactos.
Las sociedades también se ven afectadas, en algunos casos
investigaciones sugieren que los modelos rehabilitadores presentan tasas de
reincidencia cercanas al 20%, siendo efectivos para reducir el crimen a largo
plazo, comparados con modelos punitivos que exacerban ciclos de violencia. Sin
embargo, las condiciones sociales presentes en cada país, como la pobreza, el
racismo y las políticas relacionadas con las drogas hacen incomparables a los
diferentes sistemas.
Estados Unidos, por ejemplo: Maneja un Encarcelamiento
Masivo
Un sistema carcelario que se caracteriza por su gran escala,
con casi 2 millones de personas encarceladas en 1,566 prisiones estatales, 98
federales y 3,116 cárceles locales, costando cerca de $182 mil millones
anualmente. En estas cárceles las disparidades raciales son marcadas: los afroamericanos,
por ejemplo, representan cerca del 41% de la población privada de la libertad. Las
condiciones de este sistema incluyen sobrecargas de prisioneros, violencia
continuada, una atención medica precaria, altas tasas de suicidios y salarios
bajos para aquellos reos que deseen realizar trabajos carcelarios.
La reincidencia es alta, y es que al menos 128.000
delincuentes han sido reencarcelados tras ser liberados al cumplir su condena.
A pesar de múltiples esfuerzos estatales y federales, el sistema sigue
recibiendo más reclusos cada año y se estima que cada prisionero que entra al sistema
les cuesta a los contribuyentes cerca de 30.000 dólares al año. Por este
motivo, expertos afirman que sería más económico para el país reducir las
sentencias y reasignar recursos a la prevención y a la vigilancia.
En Centroamérica El Salvador destaca por su novedoso
sistema: centrado en realizar operativos Antipandillas y el encarcelamiento
masivo en el CECOT.
Si bien El Salvador es un país pequeño en población, para
2015 llegó a presentar los índices de violencia más altos del mundo, con tasas
de homicidios que superaban los 100 por cada 100 mil habitantes. Sin embargo,
en marzo de 2022 llegaría a regir el nuevo sistema carcelario establecido por
Nayib Bukele. En donde la población carcelaria en El Salvador, aumentaría desde
los 37 mil, antes del régimen de excepción hasta aproximadamente los 115 mil en
la actualidad. En este sistema destaca el CECOT, (centro de confinamiento del
terrorismo), con capacidad para 40,000 terroristas. Las condiciones en esta mega prisión son austeras: celdas para hasta 70 reclusos, sin visitas, sin
recreación, sin educación y sin acceso al exterior. El mensaje es claro, una
vez se dicta sentencia el terrorista no saldrá nunca del CECOT. Esta política
apunta directamente a las pandillas presentes en el país, y ha traído
resultados innegables en materia de seguridad. Pese a las incontables
acusaciones de torturas, abusos o sobrecargas a reclusos y los cobros a las
familias de estos por su estadía en las cárceles.
En cuanto a la reincidencia, al menos en el caso de los terroristas que entren al CECOT podría considerarse nula. Sin embargo, a la fecha no existen datos concretos en relación a esta tasa con ex prisioneros de este país.
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Al otro lado del mundo nos encontramos con el sistema de Noruega:
centrado en la Rehabilitación y la Baja Reincidencia
El servicio correccional de Noruega opera con 58
instalaciones pequeñas y descentralizadas con alrededor de 4.000 celdas,
enfatizado en la normalidad y la reintegración para mantener la dignidad y
habilidades de los prisioneros. La baja tasa de encarcelamiento de 56 por cada 100,000
habitantes proviene de alternativas a la prisión y sentencias cortas de máximo
30 años, sin cadenas perpetuas. Las condiciones son humanas: celdas
individuales con baños privados, Televisión, bibliotecas, centros de entrenamiento,
educación, programas de trabajo, yoga y visitas familiares y conyugales. Este
sistema se estableció a principios de los 90s cambiando el castigo a la rehabilitación,
reduciendo la tasa de reincidencia del 70% a al 20% en la actualidad, sumada al
aumento en la posibilidad de conseguir trabajos después de concluir las
condenas. No obstante, este enfoque restaurativo, con derechos de voto y
proximidad comunitaria cuesta a los contribuyentes por cada prisionero cerca de
100.000 dólares al año. Si bien el sistema requiere una gran confianza pública
y elevados costos a la nación, la evidencia muestra que disuade el crimen
efectivamente.
En Asía, específicamente en Japón, el sistema carcelario:
destaca por la Disciplina, la Rehabilitación y el enorme Estigma Social
Si bien las tasas de violencia en Japón son muy bajas y el
sistema alberga una cantidad ínfima de prisioneros, las condiciones carcelarias
son claras y enfatizadas en primer lugar en el orden: rutinas estrictas,
comidas controladas, limpieza diaria del complejo e interacciones limitadas. Y,
en segundo lugar, en la rehabilitación, en donde los prisioneros realizan
trabajos de bajo pago en donde adquieren habilidades vocacionales, participan
en clases de diferentes materias y en programas de sensibilización relacionados
con el abuso de sustancias, delitos sexuales y pandillas.
Este enfoque, de rehabilitación fue adoptado debido a la alta tasa de reincidencia, ya que al ser una sociedad tan conservadora e implacable se presentaba un alto estigma social para con los presos que cumplían sus sentencias y recuperaban la libertad. De esta manera, en una sociedad con bajo crimen resulta necesario adoptar medidas que equilibren el castigo con la reintegración en la sociedad.
Brasil por su parte presenta un sistema carcelario: con
grandes sobrecargas y control de las Pandillas
La población carcelaria de Brasil ha crecido de 90,000 a más
de 850,000 desde los años 90s hasta ahora, con ocupación carcelaria superior al
150%. Esta sobrecarga proviene de leyes contra las drogas y la detención
preventiva, con un fuerte crecimiento en el encarcelamiento de mujeres en los
últimos años. En las cárceles las pandillas dominan, reclutando, extorsionando
y alimentando la violencia, incluso se han registrado motines con
decapitaciones y desmembramientos entre miembros de pandillas. Globalmente se
cataloga como condiciones inhumanas: en donde se incrementan las torturas, la mala
administración de los centros penitenciarios y se genera una de las mayores
tasas de reincidencia del mundo.
Si bien los costos de mantener cada recluso rondan los 2.200
dólares al año, de los más bajos, el sistema es fuertemente criticado, debido a
los altos niveles de violencia registrados en el país y las altas tasas de
reincidencia.
En resumen, estos sistemas subrayan la necesidad de
políticas basadas en la evidencia: para nadie es un secreto que los enfoques
rehabilitadores como el de Noruega producen una baja reincidencia, pero
requieren de grandes inversiones monetarias, mientras que los sistemas más punitivos
como el de El Salvador han demostrado ofrecer grandes ganancias en materia de
seguridad de manera rápida, pero a un costo económico y social aun desconocido.
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