El Pedazo de Gelatina que Conquistó el Universo ¿Cómo Evolucionó el Cerebro Humano? – Mini documental
¿Qué se necesita para ganar una partida de ajedrez? Paciencia, tácticas inteligentes, y una enorme capacidad de lectura del juego.
Lo que nos hace humanos es la masa blanda de 1,3 kilogramos dentro de la cabeza.
El cerebro, nos permite poner en jaque mate a nuestros adversarios, construir rascacielos y llegar al espacio.
Desde el espacio se tiene un panorama completo, realmente se ve como se ha extendido la civilización humana en el planeta.
Y hasta donde sabemos, no hay nadie más como nosotros en el universo.
El único motivo por el que podemos comprender la increíble complejidad de la Tierra es porque tenemos un cerebro increíblemente complejo dentro de nuestras cabezas.
Somos la única especie en este planeta que puede construir realidades en la mente. Y después, trasladarlas al mundo real.
Pero, durante tres mil millones de años, la vida ni siquiera tenía un cerebro.
La historia de cómo evolucionó la mente, aquí en nuestro planeta, es una historia de casualidad, de coincidencia y de probabilidades imposibles.
En los próximos minutos, les contaré sobre el lugar más increíble en el espacio. Las conexiones extrañas y las fuerzas dinámicas que nos crearon. A nosotros, una especie con un cerebro tan complejo que hasta el día de hoy no logramos entender por completo.
El cerebro humano es asombroso. No solo por su tamaño, sino por su capacidad. Y este, puede enfrentar desafíos peligrosos, demandantes y maravillosamente absurdos.
Los humanos somos diferentes. Hacemos cosas que podrían parecer no tener sentido, no porque seamos estúpidos, sino porque somos inteligentes. Podemos organizarnos y trabajar como uno solo. Esa capacidad de conectar nuestras mentes nos permite apreciar el mundo y también pone a hombres y mujeres en el espacio.
Aquello que nos hace ser lo que somos: nuestro cerebro. Podría parecer un pedazo de gelatina, pero es la cosa más compleja en nuestro universo. En su interior hay una red enorme con 100 billones de conexiones. Eso es más que la cantidad de estrellas en nuestra Vía Láctea.
El cerebro, almacena nuestros recuerdos, nuestras sensaciones y nuestros sueños. Y todo esto depende de 86 mil millones de neuronas.
Sin embargo, a la mayoría de la vida en la Tierra le va bien sin un cerebro. Incluso, algunas criaturas sin cerebro son tan exitosas que se les puede ver desde el espacio.
En un día muy soleado, y a lo largo de 1.600 kilómetros, se pueden ver enormes ciudades de coral.
Estos corales solo brillan. Pero este, es probablemente, el arte más bello del universo.
Que los corales prosperen de esta manera sin cerebro, es impresionante.
Por ejemplo, la ascidia bebé. Tiene unas doscientas neuronas. Y estas hacen cosas sencillas, como detectar luz y retorcer la cola para nadar hasta encontrar un hogar. Pero una vez que encuentra la roca adecuada, sus días de nado terminan. Por el resto de su vida, se queda ahí. Desecha su cola y consume las neuronas que la movían.
Cuando se desarrollaron las neuronas, estas no eran para pensar. Eran para realizar movimientos sencillos. Sin embargo, para realizar tareas más avanzadas, se necesitan muchas más.
Los sentidos; conectan nuestros cerebros con el mundo exterior. Y estos evolucionaron para adaptarse a ese mundo, sin importar lo duro que pueda llegar a ser.
Por ejemplo, los ojos envían enormes cantidades de información. Y toda esa información necesita algo poderoso que la interprete. De esta manera, si eres un animal con ojos, necesitarás un cerebro más grande.
Los ojos cambiaron las reglas del juego. Las criaturas tuvieron que desarrollar toda una gama de sentidos, e irlos calibrando para lidiar con el siempre cambiante medio ambiente de la Tierra: desiertos, selvas, arrecifes, el Ártico. Los paisajes mismos del planeta tuvieron un papel muy importante en cómo sienten los animales.
Y lo que es válido para ellos, es válido para nosotros. El planeta también les dio forma a nuestros sentidos. Y esto es algo que tal vez no puedas notar a menos que abandones el planeta.
Nuestros sentidos evolucionaron para operar en el planeta Tierra.
Por ejemplo, cuando estás en el espacio, el oído interno no registra un arriba o un abajo. Entonces, en el espacio, el sentido de la orientación solo viene de los ojos.
De esta manera, la evolución de los sentidos permitió que las criaturas interactuaran con nuestro planeta como nunca antes.
A veces, el medio ambiente cambia rápido, y cuando eso pasa, uno tiene que ser igual de rápido para adaptarse.
Entonces, ¿por qué somos tan distintos? La respuesta, es una historia larga. Una historia sobre algo que podría no existir en ningún otro lado: el fuego.
Hasta donde sabemos, este planeta es el único con las condiciones para que el fuego arda. Pero, ¿acaso es el único planeta donde cocinar la comida hace algo mucho más importante que hacerla más sabrosa?
Como humanos, tenemos cerebros hambrientos de energía. Y su funcionamiento demanda alrededor del 20% de la energía total que consume el cuerpo. Al cocinar, destrozamos las paredes celulares de la comida, lo que libera más nutrientes y calorías para alimentar nuestro gran cerebro.
Uno de los momentos clave fue cuando nuestros ancestros aprovecharon el fuego. Cocinar nos permite obtener más energía en cada bocado, y eso nos permite pasar menos tiempo alimentando al cerebro y más tiempo usándolo.
Pero un cerebro que puede aprovechar el fuego tal vez no hubiera evolucionado de no ser por una poderosa habilidad: El lenguaje.
Lo que escuchan ahora es probablemente la herramienta más poderosa que dominamos. Nosotros hablamos. Conectamos señas y sonidos y creamos pensamientos. Y eso requiere mucho poder cerebral.
Solo los seres humanos desarrollamos lenguaje complejo. Pero, ¿Por qué tenemos lenguaje? En parte, por el tamaño de nuestro cerebro. Pero podría haber otro factor: algo verdaderamente pequeño. Un gen llamado FOXP2 y resulta que la versión humana difiere en dos aminoácidos claves respecto al gen de los chimpancés y otros simios. Y si los quitamos, tendríamos problemas para hablar.
Hasta el momento, nadie sabe cómo surgió esta mutación, pero nos dio un control más preciso sobre nuestra boca y lengua, llevándonos a hacer sonidos más sofisticados y lo más importante, a convertir pensamientos en palabras.
Compartir las ideas nos permite hacer cosas que, si hacemos solos, serían imposibles.
La comunicación te ayuda a enfrentar el fracaso. Pero nuestros cerebros se adaptan. Y si llegamos a perder la capacidad de comunicarnos, nuestro cerebro puede encontrar la forma de superarlo.
Con un cerebro flexible, aprendemos, nos adaptamos y resolvemos problemas. El lenguaje nos permite compartir lecciones. Y la escritura transmite el conocimiento a través del tiempo.
Podemos volvernos mucho más inteligentes porque podemos aprender de las generaciones pasadas.
La humanidad está conectada por una red de mentes que cruza el tiempo y el espacio. Y eso nos ayudó a crear cosas de una complejidad deslumbrante.
Los humanos somos una rareza maravillosa y extraordinaria.
Y con ese pedazo de gelatina, con más de 86 mil millones de neuronas, hemos salido del planeta y hemos visto muy lejos en el universo, tratando de dilucidar los misterios del cosmos. Pero, sin importar qué tan lejos veamos, lo más fantástico que alguna vez encontramos está justo en medio de nuestras orejas.
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